Barbara Nissman

"...one of the last pianists in the grand romantic tradition of Liszt, Rachmaninoff, and Rubinstein"

2002 Barbara Nissman Concert Reviews

 

Se tutea' con los grandes

Bárbara Nissman despliega sus dotes de virtuosa y diva en un concierto memorable 

Monterrey, México -  Prokofiev la hubiera reconocido, Schumann la hubiera adorado y Chopin simplemente la hubiera amado. Ginastera quedó prendado por sus dotes artísticas y le dedicó su última composición, la Sonata No. 3 para piano. Si hubiera viajado en el tiempo, Clara Schumann y George Sand hubieran estado celosísimas de ella.  Es Bárbara Nissman, una diva absoluta del piano, quien además de sus excelsas cualidades en el teclado es poseedora de una gran personalidad, belleza y elegancia.  A la hora de sentarse ante el piano es como una reina que hace y deshace sobre el instrumento con un poder absoluto. No hay nada que se le resista en el plano musical e interpretativo.  Pero la Nissman es una soberana musical amable y comprensiva, que trata al piano como su más fiel compañero.  Hay que verla dialogar con él a través de sus manos, sacarle los sonidos más maravillosos que puedan imaginarse, admirar las expresiones de su rostro que cambian con los distintos sentimientos que la música le produce.  Su arte posee además una magia particular, es como una varita de virtud que provoca los más intensos sentimientos en quien la escucha. Por ejemplo, la ejecución sublime del "Nocturno" chopiniano, alado y aéreo nos hizo imaginar la aparición de una bailarina del pasado como la Taglioni o la Grisi.  Y qué decir del encore al final, el "Claro de Luna", de Debussy, que dio para corresponder la ovación final de pie. Escucharla en Prokofiev es participar de una leyenda. No por nada la Nissman hizo historia en 1989 al ser la primera intérprete en ejecutar todas las sonatas del ruso en una serie de tres recitales en Nueva York y en Londres. Prokofiev es simplemente como su otro yo, no hay secreto para ella en esta música. Es total.  Pero quizá una de las mayores cualidades de la pianista norteamericana es su completa autenticidad como artista. Ella es capaz de un virtuosismo extremo, pero no con el afán de lucimiento que proyectan otros pianistas, sino para servir la música del compositor.  Así lo dejó sentir en las avasalladoras páginas de Schumann o de Chopin. Y qué decir de su Ginastera, otra de sus especialidades. Escuchar la música del argentino frente a los dos grandes románticos confirmó que la Nissman es capaz de pasar de un estilo a otro con total fidelidad, cambiando los colores, los acentos, el fraseo, todo ello gracias a un cabal entendimiento de la música.  Sin duda un concierto memorable y uno de los mejores del año. 

  

 

She is among the great ones.

Barbara Nissman displays her virtuosic, diva-like presence in a memorable concert. 

Monterrey, Mexico- Prokofiev would have recognized her; Schumann would have adored her and Chopin simply would have loved her. Ginastera was so taken by her artistic gifts that he dedicated his last composition, the Third Piano Sonata, to her. If she had traveled back in time Clara Schumann and George Sand would have been very jealous of her.  Barbara Nissman is an absolute diva of the piano, who in addition to her superior qualities at the keyboard possesses great personality, beauty and elegance. She sits at the piano like a queen who governs the instrument with absolute power. Nothing musically and interpretively is unattainable for her. But Nissman is an understanding and gentle sovereign, who treats the piano like the most loyal of companions. She must be seen having a dialogue with the piano through her hands, bringing out the most beautiful sounds imaginable, as her expressions change depending on the emotion of the music. Her art possesses a magic that brings intense feelings to those who hear her music. For example, her sublime execution of the Chopin Nocturne, so light and ethereal  made us imagine the apparition of a ballerina from the past like Taglioni or Grisi. And what can be said about Debussy' s Clair de Lune, which she offered as an encore after the standing ovation. To listen to her Prokofiev is to participate in a legend. It is no coincidence that Nissman made history by being the first pianist to perform all of his piano sonatas in a series of three recitals in New York and London. Prokofiev is simply her alter ego and his music holds no secrets for her. But perhaps one of Nissmans best qualities is her complete artistic authenticity. She is capable of extreme virtuosity, never just showing off --as other artists do-- but always used to serve the composer. That was evident in the works of Schumann and Chopin.  And what can be said of her Ginastera, another one of her specialties. Listening to this composer's music after the two great romantics confirmed that Nissman is capable of moving from one style to another with great faithfulness, changing colors, accents and phrasing, thanks to her complete understanding of the music.  Without a doubt, a memorable concert, and one of the year's best.   

El Norte, Monterrey, Mexico  6/27/02

 

 

Un pianismo romántico

La historia y los instrumentos de que hoy disponemos hacen inevitable que cualquier pianista haya de ser, en mayor o menor medida, romántico. Pocos tanto como Barbara Nissman, artista de la que los canales habituales de información apenas es possible encontrar más que su nacimento en Filadelfia, el año 1971 como el de inicio de su carrera internacional y su especialización, cómo no, en el repertorio románticoincluido Prokofiev.  Constancia de esto último dejó y muy fehaciente en el recital con que ha debutado en el Palau, iniciado con cuatro de las Visiones fugitivas y la Sonata no.3. Tocado con medios más potentes que seguros, el suyo fue un Prokofiev casi tan arrebatado como el Schumann de la Fantasia, op.17.  Pero, además de la intérprete, para algunos el gran descubrimiento de la velada fue la Sonata para piano no.1 de Alberto Ginastera, compositor argentino nacido en Buenos Aires en 1916, fallecido en Ginebra en 1983 y por el que todos haríamos bien en interesarnos más. Fechada en 1952, esta obra pertenece a su época de nacionalismo en la línea de Falla, Bartók o Stravinski, aunque tanto en su Scherzo lleno de fantasmas revoloteando como en el desolado Adagio juguetea claramente con un dodecafonismo al que Ginastera se dedicaría más decididamente en lo sucesivo. La lectura de Nissman, que parece haber tenido un conocimiento del autor bastante profundo y de primera mano, fue una auténtica creación, pletórica de intensidad y, donde así se le requería (cómo en el trepidante bolero final), de ferocidad rítmica  Los augurios para la Sonata de Liszt que aguardaba en la segunda parte no podían ser más favorables y fueron muchos los espectadores que, lejos de decepcionarse, aún vieron aumentado su entusiasmo. Uno al menos, sin embargo, halló la versión atolondrada ya desde el comienzo. Hasta el grandioso en concreto, la digitación incurrió en borrosidades. Ahí mismo las indicación quedó seriamente contradicha por la omission de los silencios de blanca, una decision que se volvería a tomar en cada reaparición del cuarto tema. Y en general no todas las líneas melódicas se mantuvieron con la firmeza deseable.  Que no fue esta opinión ni mucho menos mayoritaria lo demuestra la insistencia en los aplausos hasta conseguir tres regalos, estos sí creo que de nuevo convincentes para todos: el Nocturno op. 27, no.2 de Chopin, el Claro de luna de la suite Bergamasque de Debussy y dos Danzas argentinas de Ginastera. 

 

 

A Romantic Pianism

History plus the instruments available today make it inevitable that all pianists have to be- in greater or lesser measure- romantics. Not many are as romantic as Barbara Nissman, an artist about whom- through the usual channels of information- we can hardly find more facts than her place of birth in Philadelphia, the year 1971 as the beginning of her international career and her specialization, of course, in the romantic repertoire including Prokofiev.  She gave the most authentic proof of the latter in her debut recital in the Palau, beginning with four of the Visions Fugitives and the Sonata No. 3. Choosing an approach that proved to be much more powerful than just being safe, her Prokofiev was almost as rapturous as her Fantasy, Op. 17 of Schumann.  However, for some, apart from the performer, the great discovery of the evening was the Sonata No.1 of Alberto Ginastera, an Argentine composer born in Buenos Aires in 1916, deceased in Geneva in 1983 and in whom we should all take more interest. Dated 1952, this composition belongs to a period of nationalism, along the lines of Falla, Bartók or Stravinsky, although in his Scherzo full of fluttering phantoms and in the desolate adagio, he is clearly playing with dodecaphonism to which he will dedicate himself more decisively later on. The performance of Nissman, who seems to have a deep and first-hand knowledge of the composer, was an authentic creation, overflowing with intensity and, where required (as in the tremulous final bolero) rhythmic ferocity.  The promise of the Liszt Sonata which awaited us in the second part, could not have been more favourable, and many listeners, far from being disappointed, only increased their enthusiasm. However, at least one person found the version a bit reckless at the beginning. More specifically, the passagework leading up to the grandiose theme seemed at times blurred. The theme was seriously altered with the omission of unpedalled silences, a decision she would make again with each reappearance of the quarter-note theme. Also, in general, not all the melodic lines were maintained with their desired firmness.  That this was not in the least the opinion of the majority was demonstrated by the insistence of applause, resulting in obtaining three encores: Nocturne, Op. 27, no.2 by Chopin; Clair de Lune from the Suite Bergamasque of Debussy and two Argentine dances by Ginastera. These, I believe, once again convinced all of us.    

Levante, Valencia, Spain 3/11/02